Historia del Volantín 2009 – 2018


Non classé / viernes, abril 20th, 2018

La historia comienza con dos jóvenes amigos que al llegar a la ciudad de Valparaíso desde regiones, se ven enamorados del puerto y de su gente, soñando con crear cosas nuevas y explorar las oportunidades. Sabían que querían crear algo, pero no habían pensado qué, aunque sin saberlo con esta idea habían plantado una semilla que empezaría a crecer.
Es en sus tiempos universitarios cuando este sueño empieza a tomar las primeras formas, ellos habían arrendado una casa en el cerro Panteón, y desde ahí ellos podían ver que había una residencia abandonada con un gran patio, les llamaba mucho la atención, así que decidieron visitarla.
El lugar les encanto, vieron mucho potencial en él, así que decidieron contactarse con el dueño, quien les arrendo la casa sin demasiados inconvenientes en el año 2008.
Esta casa estaba en un lugar estratégico de Valparaíso, que además poseía una vista del plan y de los cerros que deslumbraba a los afortunados que podían contemplarla.

El primer paso para utilizar la residencia era el ordenarla, ya que el primer piso estaba lleno de escombros y basura, era prácticamente inhabitable. Es durante este proceso que llega un nuevo integrante a la familia: el perro “Tufito”, un pequeño animal que se encarga de hacerles compañía y de traer buena energía a todos los que pasan por la casa.
Surgen pensamientos para lo que podría ser el primer piso, sin embargo el llamado esta en formar algo donde el arte, la cultura, el amor y las personas puedan convivir, es por esto que florece el pensamiento de un centro que promueva estas ideas.

“Construyendo y reconstruyendo el sueño”
No fue algo fácil el reconstruir una casa antigua, pero con el tiempo y el esfuerzo se fue llevando a cabo, no sin contratiempos, puesto que no poseían la experticia ni la experiencia en este tema, siendo esto algo que los lleva a aprender sobre conceptos que desconocían.
Al pasar el tiempo las personas fueron sintiéndose atraídas al lugar, los dos amigos y Tufito abrirían las puertas para construir algo en conjunto con la comunidad, pero aún sin tener claro qué es lo que construirían.

Junto con el apoyo de la gente y las ideas innovadoras que existían se va formando lo que sería un nuevo ambiente para la ciudad de Valparaíso, así se decide que ya es el momento de oficializarlo. En el año 2011 se le daría el nombre a este sueño que ya venía convirtiéndose en una realidad hace tiempo, aquí es en donde empieza oficialmente Patio Volantín.

Patio Volantín empieza a funcionar, la gente del sector se ve atraída por la variedad de actividades que se realizan, siendo el primer ciclo de talleres por trueque algo que llama mucho la atención, es esta idea del trueque, una de las formas de negociación más antiguas de la humanidad, pero que ha sido un tanto olvidada por la sociedad actual, uno de los factores que encantan al público, ya que no es necesario el tener dinero para disfrutar.
Estos talleres ofrecerían las más diversas disciplinas, simplemente si alguien sabía algo y quería enseñarlo, entonces podía hacerlo, solamente debía inscribirse y presentar su idea.
Lo único que se les pedía a los participantes era un kilo de harina, para así poder vender pan amasado a la comunidad y lograr la autogestión, puesto que este era uno de los principios que querían defender.

El pan de cada día y los talleres por trueque van construyendo una relación con la comunidad y además le van otorgando a Patio Volantín una repercusión inesperada en Valparaíso. Es debido a este renombre que se empiezan a realizar más actividades, siempre relacionadas con el ámbito artístico, donde la música, el teatro y la poesía serían los elementos movilizadores.
Es ya en el año 2012 donde deciden tomarse las cosas más enserio, consiguiendo la personalidad jurídica.

Ya formalmente como el Centro Comunitario Autogestionado Patio Volantín es que empiezan, junto con la ayuda de la comunidad, a constituir una identidad, y uno de sus primeros pasos es la creación de un mural, en donde el tema seria Valparaíso y su historia.

El darle vida al lugar ha sido un trabajo de las mismas personas que lo habitan, por lo mismo era importante que su imagen fuera algo que represente a la comunidad y al territorio que los ha acogido.

Al completar el mural se pudo sentir el cambio, nuevas etapas se acercaban, nuevos desafíos, y podía notarse a simple vista que el volantín había emprendido su vuelo.

A estas alturas la relación con la comunidad ya se había convertido en algo muy fuerte, tanto así que Patio se convierte en la sede y en el lugar de creación de la Junta de Vecinas y Vecinos 70A Cerro Panteón.
Es este esfuerzo en conjunto el que consolida al centro comunitario como un espacio obligado para los vecinos del sector, haciendo que se vuelva una parte de la cotidianidad barrial.

La creación de la Junta de Vecinos y Vecinas culmina con un pasacalle en el cerro Panteón, en donde los vecinos pudieron compartir y conocerse.

 

 

“Desde el Fuego”
El tiempo avanza inevitablemente y las cosas toman su propio curso. Las situaciones que emergen no están bajo el control de las personas: hay momentos en que la naturaleza golpea sin previo aviso ni advertencia.

En el año 2014 que surge un evento catastrófico que afecta a Patio Volantín y a todo Valparaíso, un terrible incendio envuelve gran parte de la ciudad, y las personas deben unirse para evitar más desgracias e intentar encontrar soluciones.

En este escenario que el centro comunitario se presta como un centro de acopio, encargándose de reunir y coordinar voluntarios para que se generen las ayudas necesarias en los cerros más afectados.

Esta situación marca un antes y un después en la historia de Patio, es un punto en donde se ven golpeados de muchas formas, y el reponerse es una tarea que las personas lograran solamente con el paso del tiempo, ya que toda la ciudad se ve sumida en esta tragedia, no hay nadie que quede al margen del sentimiento de impotencia y del mal gusto que dejan las consecuencias del incendio.

Pero el tiempo pasa y Patio sigue avanzando, ya como un lugar de referencia en lo que respecta al ámbito cultural porteño, contando con millones de visitas en su canal de Youtube y con visitas de artistas tanto nacionales como internacionales en sus encuentros musicales.

Esta popularidad atrae problemas inesperados, puesto que al estar tan en boga es que las personas dan por sentado que todo está bien, que las cosas están resueltas, pero en el caso de la autogestión esto no es tan así, hay que trabajar día a día para mantenerse: es un esfuerzo constante que produce desgaste.

Continuando en la senda de la autogestión es que en Patio se han realizado las más diversas actividades para conseguir el financiamiento, sin abandonar nunca la venta del pan amasado, pero sumando la venta de almuerzos, la puesta en marcha de un bazar, la organización de ferias vecinales, platos único, eventos benéficos, y un sinfín de acciones orientadas a mantenerse sin perder su espíritu ni sus ideales.

Si bien, muchas de esas actividades han fracasado, todo el proceso que ha llevado este centro comunitario ha sido en base al ensayo y al error, aprendiendo en el camino y dándole pie a la improvisación como un método de resolver los problemas, siempre preocupándose de no perder el rumbo ni de desviarse de las metas que se han propuesto.

La gente viene y va por Patio, siendo cientos los voluntarios que han pasado por el centro comunitario, trabajando codo a codo en las más diversas actividades, o uniéndose para las catástrofes y los momentos difíciles, haciendo de su participación una de las venas centrales que le da energía y fuerza para continuar.

 

El tiempo y la práctica vienen de la mano de un perfeccionamiento en sus formas de acción, haciendo que sus actividades salgan de manera más fluida y llevadera, logrando desarrollar iniciativas que incluso los llevan a presentar lo que se ha hecho en Patio a lugares externos, ya que surgen invitaciones desde la municipalidad o de diversos entes culturales que los llaman a hacerse presentes. Sin embargo existe una idea de enseñar en Patio los proyectos de artistas locales y extranjeros, creando salas de exposición fijas para que puedan dar a conocer sus trabajos.

La experiencia no solo viene en la ejecución de actividades, sino también en el desarrollo del reciclaje, el cual se ha convertido en su fuente de obtención de materia prima para remodelar el espacio cultural, haciendo que los Eco-ladrillos sean uno de los sellos de su infraestructura, dándole un toque muy colorido y particular al interior de Patio Volantín.

Los años no pasan sin consecuencias, y en Patio no todo ha sido color de rosas, las relaciones personales se han visto puestas a prueba, ya que “vivir, amar, soñar, todo en el mismo lugar es difícil”.

Pero a pesar de las complicaciones es que se ha logrado el mantener al equipo unido, esto debido a que se ha tenido la capacidad de detenerse y respirar cuando es necesario, viéndose cerradas las puertas al público cuando se han agotado las energías.

Es ya en Julio del año 2017 que Patio Volantín anunció un cierre de puertas indefinido, cerrando por aproximadamente tres meses, pero en Noviembre deciden retomar e inician un nuevo ciclo de talleres por trueque.

La cantidad de historias que han nacido en Patio son incontables, así como las personas que han pasado por el lugar, los momentos vividos son algo que ha sido construido en conjunto por cada ser que ha regalado su energía, siendo este centro comunitario una oportunidad para soñar en conjunto y para pensarse la vida desde otra mirada, para dejar que el volantín vuele y que se mueva con la libertad que solo los cielos pueden entregarle, esperando que las corrientes de viento nunca se acaben.